ALEJANDRO ULLOA
La devoción es el punto en el que la disciplina se convierte en rendición; un acto de violencia controlada donde el ego se desintegra ante la voracidad de la obra. Es entregarse por completo, sin red de seguridad, a una obsesión que te consume hasta que ya no eres el dueño de tu propio proceso, sino un vehículo de su intensidad. No es un acto de fe, sino de extenuación: es forzar la realidad hasta que cede, aceptando que, para crear algo con vida propia, uno debe estar dispuesto a perderse en el fuego de su propia creación.